Psicoanálisis
El diván no provoca accidentes: desacomoda las versiones oficiales
¿Sabías que el análisis no te hace caer? A veces, simplemente te deja de sostener esas coartadas con las que venías hamacándote en equilibrio hace años. Es un despojo casi poético. Entrás al consultorio creyendo que vas a relatar tu historia lineal y terminás suspendido en el aire, sorprendido por lo que se te escapa entre las palabras, como un suspiro. Ahí aparece el famoso: "¡Nunca lo había pensado así!". No como una tragedia, sino como ese instante mágico donde soltás el volante de las certezas para dejarte llevar.
Tres claves de la imagen (y de la clínica)
- La ilusión que se quiebra: Piera Aulagnier advertía que el Yo necesita narrarse para acunar una ilusión de continuidad. El problema arranca cuando esa melodía ya no te alcanza para calmar el malestar. El relato se vuelca, el vidrio del fondo se triza, y curiosamente, en esa fisura te empezás a encontrar.
- Los mensajes sin traducir: Jean Laplanche decía que el inconsciente no es un sótano, sino esos mensajes enigmáticos que quedan flotando (como los sobres en el mar) esperando ser descifrados.
- ¿Quién maneja?: A veces basta una sesión para descubrir que quien venía manejando tu destino no era exactamente quien vos creías (como ese reflejo borroso en el espejo o las manos pintadas en la pared).
Perder el mapa termina siendo el mejor camino para dejar de dar vueltas siempre en la misma rotonda.
El análisis es un refugio que solo viene a desacomodar tu "historia oficial". ¿Te animás a soltar la brújula?
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